Esta delicia literaria fue escrita por el francés Jean Giono en el año 1953 y nos hace ver lo bello que sería hacer lo contrario de lo que se da hoy en día con los maravillosos árboles, es decir, plantarlos en vez de talarlos por doquier.
"El hombre que plantaba árboles" ha sido traducido a multitud de idiomas siendo acogido con más fuerza y entusiasmo en aquellos países donde se publicó que en el suyo propio (Francia).
Jean Giono narra en una carta escrita a uno de los representantes de las aguas de Digne (Alpes franceses) que el protagonista del libro es ficticio y que el libro fue distribuido gratuitamente sin ganar apenas un centavo pero que aún así es uno de los libros de los que más orgulloso se siente.
Aquí os dejo el enlace para que lo leáis en 15 minutos puesto que es mega breve pero extra intenso: http://www.ayto-crivillen.es/documentos/el-hombre-que-plantaba-arboles.pdf
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martes, 26 de febrero de 2013
miércoles, 6 de febrero de 2013
AMOR DE CENTRO COMERCIAL
Cuando cerraron el bar del centro comercial, se dirigió con decisión a la sección de trajes de caballero. Y allí estaba esperándola. Alto, guapo, elegante. Y cuando los fluorescentes comenzaron a apagarse uno tras otro, sólo la luz mortecina de emergencia iluminaba sus rostros casi rozándose. Le besó con suavidad y sus dedos encontraron el nudo de la corbata que deshizo con facilidad arrancando a continuación los botones de la camisa. En ese momento, cuando su respiración era más agitada se descuidó y el bolso resbaló de su hombro desplomándose con un ruido de cristales rotos. Un insufrible olor a whisky inundó el aire, una alarma comenzó a sonar y la luz se encendió. Un guardia de seguridad corrió hacia ella desde el otro extremo del pasillo. Entonces el maniquí resbaló de sus manos como un juguete y se desarmó en el suelo.
Jesús Gallego (libro de mini-relatos " Yo no Leo")
domingo, 14 de octubre de 2012
TRABAJA EN CONOCERTE
Durante la semana el niño había estado persiguiendo literalmente al padre por toda la casa con su tablero de parchís debajo del brazo. Quería que el hombre se sentara con él a cumplir su promesa de jugar una partida para estrenar el nuevo tablero que le habían regalado para su cumpleaños.
-Ahora no puedo, Huguito- le había dicho el padre más de una vez-, tendremos que esperar al fin de semana...
Por eso el sábado, apenas se levantó, Hugo vio a su padre sentado en el escritorio, y corrió a su cuarto a buscar el tablero todavía sin estrenar.
-Hoy es fin de semana, ¿no, papi?- preguntó el pequeño.
-Sí, hijito- reconoció el padre-, pero ahora tengo que terminar un trabajo atrasado. Pídele a tu madre que juegue contigo...
-No, no- protestó la pulga de seis añitos-. Tú me prometiste...
-Es verdad. Pero en este momento tengo otras cosas más urgentes que atender...
-¿Y cuándo vas a terminar de atender esas cosas?
-Dentro de dos horas- dijo el padre exagerando, con la intención de desanimarlo.
-¡Buf!...- dijo el niño, y dándose la vuelta salió de la habitación.
La aguja grande había alcanzado a la pequeña justo cuando ésta llegaba al número 12, y eso, según le dijo su madre, significaba que habían pasado exactamente dos horas.
-¿Jugamos ahora, papi?
-No, hijo. Lo siento. Todavía no he terminado con mis cosas...
-Pero tú me dijiste que dentro de dos horas... Eso es mentir.
-No seas así, Huguito, tengo trabajo pendiente.
El niño ya empezaba a dejar escapar un par de lágrimas, cuando su padre tuvo una idea. Cogió de su escritorio una revista que mostraba en la tapa un colorido mapa del mundo con división política.
-Mira, hijito, te voy a proponer un juego- le dijo mientras arrancaba la hoja y buscaba en el cajón de su escritorio un par de tijeras.
El hombre hizo varios cortes, transformando la hoja en un montón de papeles de forma irregular.
-Esto es un rompecabezas... Un puzle como lo llamas tú. El juego consiste en montar el mapa del mundo poniendo cada país en su sitio- dijo el padre-. Cuando termines de montar el mundo jugaremos al parchís.
El padre sabía que, sin tener idea de cómo era el planisferio, el niño tardaría más de una hora en montarlo y que eso los llevaría hasta el almuerzo. Después de su siesta, quizá podría finalmente sentarse a jugar con su hijo, como le había prometido.
Otra vez resoplando, pero intuyendo que si no aceptaba esas condiciones no habría parchís, el jovencito cogió los papeles que su padre le daba y se fue a su cuarto.
Pasaron cinco minutos, quizá seis, cuando Huguito entró en la habitación con el mapa del mundo perfectamente montado.
Cada país en su sitio y toda la hoja pegada con cinta adhesiva.
-Ya está, papi. ¿Ahora vamos a jugar al parchís?
El padre sonrió confuso.
-¿Pero cómo lo has hecho?- preguntó examinando el perfecto resultado-. Si tú nunca has visto un mapa del mundo, ¿cómo lo has montado tan rápido?
-No, papi... Yo nunca había visto un mapa del mundo como éste... Cuando lo recortaste yo vi que en el otro lado de la hoja había una foto de un hombre. Entonces, al llegar a mi cuarto, di la vuelta a los papelitos y coloqué las partes del señor, una al lado de la otra. Fue fácil. Cuando terminé de acomodar al hombre, el mundo se acomodó solo.
-Ahora no puedo, Huguito- le había dicho el padre más de una vez-, tendremos que esperar al fin de semana...
Por eso el sábado, apenas se levantó, Hugo vio a su padre sentado en el escritorio, y corrió a su cuarto a buscar el tablero todavía sin estrenar.
-Hoy es fin de semana, ¿no, papi?- preguntó el pequeño.
-Sí, hijito- reconoció el padre-, pero ahora tengo que terminar un trabajo atrasado. Pídele a tu madre que juegue contigo...
-No, no- protestó la pulga de seis añitos-. Tú me prometiste...
-Es verdad. Pero en este momento tengo otras cosas más urgentes que atender...
-¿Y cuándo vas a terminar de atender esas cosas?
-Dentro de dos horas- dijo el padre exagerando, con la intención de desanimarlo.
-¡Buf!...- dijo el niño, y dándose la vuelta salió de la habitación.
La aguja grande había alcanzado a la pequeña justo cuando ésta llegaba al número 12, y eso, según le dijo su madre, significaba que habían pasado exactamente dos horas.
-¿Jugamos ahora, papi?
-No, hijo. Lo siento. Todavía no he terminado con mis cosas...
-Pero tú me dijiste que dentro de dos horas... Eso es mentir.
-No seas así, Huguito, tengo trabajo pendiente.
El niño ya empezaba a dejar escapar un par de lágrimas, cuando su padre tuvo una idea. Cogió de su escritorio una revista que mostraba en la tapa un colorido mapa del mundo con división política.
-Mira, hijito, te voy a proponer un juego- le dijo mientras arrancaba la hoja y buscaba en el cajón de su escritorio un par de tijeras.
El hombre hizo varios cortes, transformando la hoja en un montón de papeles de forma irregular.
-Esto es un rompecabezas... Un puzle como lo llamas tú. El juego consiste en montar el mapa del mundo poniendo cada país en su sitio- dijo el padre-. Cuando termines de montar el mundo jugaremos al parchís.
El padre sabía que, sin tener idea de cómo era el planisferio, el niño tardaría más de una hora en montarlo y que eso los llevaría hasta el almuerzo. Después de su siesta, quizá podría finalmente sentarse a jugar con su hijo, como le había prometido.
Otra vez resoplando, pero intuyendo que si no aceptaba esas condiciones no habría parchís, el jovencito cogió los papeles que su padre le daba y se fue a su cuarto.
Pasaron cinco minutos, quizá seis, cuando Huguito entró en la habitación con el mapa del mundo perfectamente montado.
Cada país en su sitio y toda la hoja pegada con cinta adhesiva.
-Ya está, papi. ¿Ahora vamos a jugar al parchís?
El padre sonrió confuso.
-¿Pero cómo lo has hecho?- preguntó examinando el perfecto resultado-. Si tú nunca has visto un mapa del mundo, ¿cómo lo has montado tan rápido?
-No, papi... Yo nunca había visto un mapa del mundo como éste... Cuando lo recortaste yo vi que en el otro lado de la hoja había una foto de un hombre. Entonces, al llegar a mi cuarto, di la vuelta a los papelitos y coloqué las partes del señor, una al lado de la otra. Fue fácil. Cuando terminé de acomodar al hombre, el mundo se acomodó solo.
Jorge Bucay
miércoles, 26 de septiembre de 2012
¿HASTA CUANDO?
Lo sucedido esta noche en Madrid 25S es un nuevo capítulo de la saga "ESCLAVITUD Y PODER", un tele film patrocinado por El Gobierno de España.
Esta película se encuentra en la categoría de películas de terror y sus protagonistas son El Pueblo y El Poder, este último representado por una serie de animales salvajes con traje azul que se dedican a defender al amo que los adiestró para exterminar.
Inicio: Los seres humanos del planeta tierra vivían felices, dialogaban, se comunicaban, vivían con lo necesario y se dedicaban a comer cuando tenían hambre, beber cuando tenían sed, follar cuando tenían ganas y dormir cuando tenían sueño básicamente.
Desenlace: Con el transcurso de los años algunas personas se fueron dejando corromper por el poder consiguiendo así el máximo beneficio para ellos, y la esclavitud, consentida claro está, del resto del pueblo. Todo giraba en torno al gran dios de la nueva era, el gran mesías el cual no era ninguno de los ya conocidos Mahoma, Cristo, Buda o muchos más, sino el todopoderoso DIOS DINERO. Por rendir culto a él se sacrificaban las almas de todo el pueblo si fuese necesario con el fin de que unas escasas decenas de personas viviesen con todo tipo de lujos ( innecesarios para subsistir por otra parte ). El avasallamiento, la dictadura disfrazada de democracia y sobre todo los medios como la televisión, que enclaustraban y encarcelaban las mentes para así no poder pensar, eran las vías utilizadas por El Poder para mantener a su rebaño-pueblo dentro del redil y cuando algunas de las ovejas quería escapar y luchar porque las demás también fuesen libres eran golpeadas, vetadas, arrestadas, torturadas e incluso matadas.
Final: Cada vez la gente se fue cansando más y más de ser esclava, más y más de ser manejadas y se fueron dando cuenta de la grandiosa mentira que nos habían estado contando y que por supuesto nos habíamos tragado sin pestañear. Comenzaron pues una serie de manifestaciones cada vez más numerosas para exigir sus derechos y todo lo que el dichoso Poder les había robado, y no me refiero a coches de alta gama o vacaciones no pagadas, sino a lo más esencial en el mundo: alimento que llevarse a la boca.
Finalmente y tras una larga y cruenta lucha El Pueblo venció justamente instaurando nuevas leyes y pautas que hicieron que todos tuviesen los mismos derechos en el mundo sin necesidad de clases sociales siendo la clase media la única en la faz de la tierra. La pobreza de los países tercermundistas fue paliada, los medios como la televisión sólo se podían ver escasas horas al día y sin noticias manipuladas dando así lugar a la reinvención de las palabras y de un grandioso y echado de menos diálogo, dejaron de haber conspiraciones farmacéuticas para dar de comer a multinacionales con la muerte y enfermedades crónicas de El Pueblo y muy pero que muy importante................................DEJARON DE SER LA NUEVA SERVIDUMBRE MODERNA. Nunca más hubo amos porque dejaron de existir esclavos.
Este precioso final corre a cargo de mi imaginación y es exactamente lo que mis subconsciente y consciente desean con fuerza.
Una pena que no sea real...por ahora.
Esta película se encuentra en la categoría de películas de terror y sus protagonistas son El Pueblo y El Poder, este último representado por una serie de animales salvajes con traje azul que se dedican a defender al amo que los adiestró para exterminar.
TRAILER
Inicio: Los seres humanos del planeta tierra vivían felices, dialogaban, se comunicaban, vivían con lo necesario y se dedicaban a comer cuando tenían hambre, beber cuando tenían sed, follar cuando tenían ganas y dormir cuando tenían sueño básicamente.
Desenlace: Con el transcurso de los años algunas personas se fueron dejando corromper por el poder consiguiendo así el máximo beneficio para ellos, y la esclavitud, consentida claro está, del resto del pueblo. Todo giraba en torno al gran dios de la nueva era, el gran mesías el cual no era ninguno de los ya conocidos Mahoma, Cristo, Buda o muchos más, sino el todopoderoso DIOS DINERO. Por rendir culto a él se sacrificaban las almas de todo el pueblo si fuese necesario con el fin de que unas escasas decenas de personas viviesen con todo tipo de lujos ( innecesarios para subsistir por otra parte ). El avasallamiento, la dictadura disfrazada de democracia y sobre todo los medios como la televisión, que enclaustraban y encarcelaban las mentes para así no poder pensar, eran las vías utilizadas por El Poder para mantener a su rebaño-pueblo dentro del redil y cuando algunas de las ovejas quería escapar y luchar porque las demás también fuesen libres eran golpeadas, vetadas, arrestadas, torturadas e incluso matadas.
Final: Cada vez la gente se fue cansando más y más de ser esclava, más y más de ser manejadas y se fueron dando cuenta de la grandiosa mentira que nos habían estado contando y que por supuesto nos habíamos tragado sin pestañear. Comenzaron pues una serie de manifestaciones cada vez más numerosas para exigir sus derechos y todo lo que el dichoso Poder les había robado, y no me refiero a coches de alta gama o vacaciones no pagadas, sino a lo más esencial en el mundo: alimento que llevarse a la boca.
Finalmente y tras una larga y cruenta lucha El Pueblo venció justamente instaurando nuevas leyes y pautas que hicieron que todos tuviesen los mismos derechos en el mundo sin necesidad de clases sociales siendo la clase media la única en la faz de la tierra. La pobreza de los países tercermundistas fue paliada, los medios como la televisión sólo se podían ver escasas horas al día y sin noticias manipuladas dando así lugar a la reinvención de las palabras y de un grandioso y echado de menos diálogo, dejaron de haber conspiraciones farmacéuticas para dar de comer a multinacionales con la muerte y enfermedades crónicas de El Pueblo y muy pero que muy importante................................DEJARON DE SER LA NUEVA SERVIDUMBRE MODERNA. Nunca más hubo amos porque dejaron de existir esclavos.
Este precioso final corre a cargo de mi imaginación y es exactamente lo que mis subconsciente y consciente desean con fuerza.
Una pena que no sea real...por ahora.
sábado, 19 de mayo de 2012
REBELIÓN
Y de pronto, el timbre sonó.
-¿Estás ahí?-escuché-. ¡Es la hora!
-Ya voy-contesté automáticamente.
-Ya es tarde. Abre la puerta.
Estaba harto.
Pensé en agarrar el martillo y hacerlo...
Con un poco de suerte podría, de un solo golpe, terminar con el incesante martirio.
Sería maravilloso.
No más controles...
No más urgencias...
¡No más cárcel!
Tarde o temprano se enterarían de lo que hice...
Tarde o temprano alguien se animaría a imitarme...
Y después, quizá otro...
Y otro...
Y muchos otros ganarían coraje.
Una reacción en cadena que permitiría terminar para siempre con la opresión.
Deshacernos definitivamente de ellos.
Deshacernos de ellos en todas sus formas...
Pronto me di cuenta de que mi sueño era imposible.
Nuestra esclavitud parece ser, a la vez, nuestra única posibilidad...
Nosotros hemos creado nuestros carceleros, y, ahora, sin ellos, la sociedad no existiría.
Es necesario que lo admita...
-¿Estás ahí?-escuché-. ¡Es la hora!
-Ya voy-contesté automáticamente.
-Ya es tarde. Abre la puerta.
Estaba harto.
Pensé en agarrar el martillo y hacerlo...
Con un poco de suerte podría, de un solo golpe, terminar con el incesante martirio.
Sería maravilloso.
No más controles...
No más urgencias...
¡No más cárcel!
Tarde o temprano se enterarían de lo que hice...
Tarde o temprano alguien se animaría a imitarme...
Y después, quizá otro...
Y otro...
Y muchos otros ganarían coraje.
Una reacción en cadena que permitiría terminar para siempre con la opresión.
Deshacernos definitivamente de ellos.
Deshacernos de ellos en todas sus formas...
Pronto me di cuenta de que mi sueño era imposible.
Nuestra esclavitud parece ser, a la vez, nuestra única posibilidad...
Nosotros hemos creado nuestros carceleros, y, ahora, sin ellos, la sociedad no existiría.
Es necesario que lo admita...
¡Ya no sabríamos vivir sin relojes!
Jorge Bucay
LA TRISTEZA Y LA FURIA
En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar,o quizá donde los hombre transitan eternamente sin darse cuenta...
En un reino mágico donde las cosas no tangibles se vuelven concretas...
Había una vez...
un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...
Hasta aquel estanque mágico y transparente se acercaron la tristeza y la furia para bañarse en mutua compañía.
Las dos se quitaron sus vestidos y , desnudas, entraron en el estanque.
La furia, que tenía prisa (como siempre ocurre a la furia), urgida- sin saber por qué-, se bañó rápidamente y , más rápidamente aún salió del agua...
Pero la furia es ciega o, por lo menos, no distingue claramente la realidad. Así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, el primer vestido que encontró....
Y sucedió que aquel vestido no era suyo, sino de la tristeza...
Y así, vestida de tristeza, la furia se fue.
Muy calmada, muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y, sin ninguna prisa-o, mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo-, con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se dio cuenta de que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo.Así que se puso la única ropa que había junto al estanque: el vestido de la furia.
Cuentan que, desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada. Pero si nos damos tiempo para mirar bien, nos damos cuenta de que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad, está escondida la tristeza.
En un reino mágico donde las cosas no tangibles se vuelven concretas...
Había una vez...
un estanque maravilloso.
Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...
Hasta aquel estanque mágico y transparente se acercaron la tristeza y la furia para bañarse en mutua compañía.
Las dos se quitaron sus vestidos y , desnudas, entraron en el estanque.
La furia, que tenía prisa (como siempre ocurre a la furia), urgida- sin saber por qué-, se bañó rápidamente y , más rápidamente aún salió del agua...
Pero la furia es ciega o, por lo menos, no distingue claramente la realidad. Así que, desnuda y apurada, se puso, al salir, el primer vestido que encontró....
Y sucedió que aquel vestido no era suyo, sino de la tristeza...
Y así, vestida de tristeza, la furia se fue.
Muy calmada, muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y, sin ninguna prisa-o, mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo-, con pereza y lentamente, salió del estanque.
En la orilla se dio cuenta de que su ropa ya no estaba.
Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo.Así que se puso la única ropa que había junto al estanque: el vestido de la furia.
Cuentan que, desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada. Pero si nos damos tiempo para mirar bien, nos damos cuenta de que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad, está escondida la tristeza.
Jorge Bucay
jueves, 12 de abril de 2012
EL SALÓN DE LOS MIL ESPEJOS
Érase una vez en un templo Shaolin, un salón con mil espejos.
Un día, un perro entró al salón y de repente se encontró con miles de perros a su alrededor.
Gruñó y ladró a sus supuestos enemigos. Y por supuesto éstos sin más ni menos inmediatamente le mostraron sus feroces dientes.
El perro provocado y enfurecido gruñó, saltó, y ladró tanto que murió de fatiga mental y física.
Un tiempo después, otro perro entró al salón de los mil espejos. Al igual que el otro, vio miles de perros a su alrededor.
Este se complació de verlos, batió su cola y de inmediato se encontró en medio de miles de amigos.
Un día, un perro entró al salón y de repente se encontró con miles de perros a su alrededor.
Gruñó y ladró a sus supuestos enemigos. Y por supuesto éstos sin más ni menos inmediatamente le mostraron sus feroces dientes.
El perro provocado y enfurecido gruñó, saltó, y ladró tanto que murió de fatiga mental y física.
Un tiempo después, otro perro entró al salón de los mil espejos. Al igual que el otro, vio miles de perros a su alrededor.
Este se complació de verlos, batió su cola y de inmediato se encontró en medio de miles de amigos.
Kurt Tepperwein
jueves, 15 de marzo de 2012
NARCISISTA FINAL
La leyenda de Narciso cuenta que este era un hermoso joven que todos los días iba a contemplar su propia belleza en un lago. Estaba tan fascinado consigo mismo que un día se cayó dentro del lago y se murió ahogado. En el lugar donde cayó nació una flor, a la que llamaron narciso.
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Sin embargo a mi me gusta más la manera en que Oscar Wilde acaba esta historia.
Él decía que cuando Narciso murió, llegaron las Oréades (diosas del bosque) y vieron el lago transformado, de un lago de agua dulce que era, en un cántaro de lágrimas saladas.
-¿Por qué lloras?- le preguntaron las Oréades.
-Lloro por Narciso- repuso el lago.
-¡Ah, no nos asombra que llores por Narciso!-prosiguieron ellas-. Al fin y al cabo, a pesar de que nosotras siempre corríamos tras él por el bosque, tú eras el único que tenía la oportunidad de contemplar de cerca su belleza.
-Pero...¿Narciso era bello?-preguntó el lago.
-¿Quién si no tú podría saberlo?-respondieron, sorprendidas, las Oréades-. En definitiva, era en tus márgenes donde él se inclinaba para contemplarse todos los días.
El lago permaneció en silencio unos instantes. Finalmente dijo:
-Yo lloro por Narciso, pero nunca me di cuenta de que Narciso fuera bello.
"Lloro por Narciso porque cada vez que él se inclinaba sobre mi orilla yo podía ver, en el fondo de sus ojos, reflejada mi propia belleza".
El Alquimista (Paulo Coelho)
jueves, 9 de febrero de 2012
EL DETECTOR DE MENTIRAS
Si te molesta que te mientan al igual que a mí lee lo siguiente:
Según Jorge Bucay no es lo mismo decir la verdad que no mentir: "Decir la verdad o no es independiente del hecho de mentir". Para ello nos deleita con uno de sus cuentos y este es el siguiente:
Hace muchos años, cuando apareció en el mundo el detector de mentiras, todos los abogados y estudiosos de la conducta humana estaban fascinados. El aparato se basa en una serie de sensores que detectan las variaciones fisiológicas de la sudoración, contracturas musculares, variaciones de pulso, temblores y movimientos oculares que se producen en cualquier individuo mientras miente.
En aquel entonces, las experiencias con la "máquina de la verdad", como se la llegó a llamar, proliferaban por doquier.
Un día, a un abogado se le ocurrió una investigación muy particular. Trasladó la máquina al hospital psiquiátrico de la ciudad y sentó en él a un internado: J.C.Jones. El señor Jones era un psicótico, y en su delirio aseguraba que era Napoleón Bonaparte. Quizá por haber estudiado historia, conocía a la perfección la vida de Napoleón y enunciaba con exactitud y en primera persona pequeños detalles de la vida del Gran Corso, en secuencia lógica y coherente.
Los médicos sentaron al señor J.C. ante el detector de mentiras y, tras una rutina de calibración, le preguntaron: "¿Es usted Napoleón Bonaparte?".
El paciente pensó durante un instante y después contestó: "¡No! ¿Cómo se le ocurre? Yo soy J.C.Jones".
Todos sonrieron, excepto el operador del detector de mentiras, que informó de que el señor Jones ¡estaba mintiendo!
La máquina demostró que cuando el paciente decía la verdad (es decir, cuando afirmaba se el señor Jones), estaba mintiendo... porque él creía que era Napoleón.
"Si hay un problema con las mentiras, lo tiene el mentiroso"
"Nadie tiene más posibilidades
de caer en un engaño que aquel para quien la mentira
se ajusta a sus deseos"
Jorge Bucay
miércoles, 25 de enero de 2012
EL RELOJ PARADO A LAS SIETE
En una de las paredes de mi cuarto hay colgado un hermoso reloj antiguo que ya no funciona. Sus manecillas , detenidas casi desde siempre, señalan imperturbables la misma hora: las siete en punto.
Casi siempre, el reloj es sólo un inútil adorno sobre una blanquecina y vacía pared. Sin embargo, hay dos momentos durante el día, dos fugaces instantes, en que el viejo reloj parece resurgir de sus cenizas como un ave fénix.Cuando todos los relojes de la ciudad, en sus enloquecidos andares, marcan las siete, y los cucús y los gongs de las máquinas hacen sonar siete veces su repetido canto, el viejo reloj de mi habitación parece cobrar vida. Dos veces al día, por la mañana y por la noche, el reloj se siente en completa armonía con el resto del universo.
Si alguien mirara el reloj solamente en esos dos momentos, diría que funciona a la perfección... Pero, pasado ese instante, cuando los demás relojes acallan su canto y las manecillas continúan su monótono camino, mi viejo reloj pierde su paso y permanece fiel a aquella hora que alguna vez detuvo su andar.
Y yo amo ese reloj. Y cuanto más hablo de él, más lo amo, porque cada vez siento que me parezco más a él.
También yo estoy detenido en un tiempo. También yo me siento clavado e inmóvil. También yo soy, de alguna manera, un adorno inútil en una pared vacía.
Pero disfruto también de fugaces momentos en que, misteriosamente, llega mi hora.
Durante ese tiempo estoy vivo. Todo está claro y el mundo se vuelve maravilloso. Puedo crear, soñar, volar, decir y sentir más cosas en esos instantes que en todo el resto del tiempo. Estas conjunciones armónicas se dan y se repiten una y otra vez, como una secuencia inexorable.
La primera vez que lo sentí, traté de aferrarme a ese instante creyendo que podría hacerlo durar para siempre. Pero no fue así. Como a mi amigo el reloj, también a mí se me escapa el tiempo de los demás.
... Pasados esos momentos, los demás relojes, que anidan en otros hombres, continúan a su giro, y yo vuelvo a mi rutinaria muerte estática, a mi trabajo, a mis charlas de café, a mi aburrido andar, que acostumbro a llamar vida.
Pero sé que la vida es otra cosa.
Yo sé que la vida, la de verdad, es la suma de aquellos momentos que, aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía con el universo.
Casi todo el mundo, pobre, cree que vive.
Sólo hay momentos de plenitud, y aquellos que no lo sepan e insistan en querer vivir para siempre, quedarán condenados al mundo del gris y repetitivo andar de la cotidianeidad.
Por eso te amo, viejo reloj. Porque somos la misma cosa tú y yo.
Esto es la paupérrima expresión de una joya literaria de Papini la cual os pido que leamos todos alguna vez( incluyéndome a mí ).
Metáfora de Bucay respecto al relato de Papini: "Quizá todos vivamos sólo en la armonía de algunos momentos. Quizás, ahora, en este presente, la hora de la verdadera vida coincide con tu propia hora. Si así fuera, disfrútala. Quizá pase... demasiado pronto.
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